EL TORO BACO


Brígido era un toro bravo,
un toro de lidia de los de antes,
un toro Baco.

Hace tiempo que jugaba una personal y agotadora corrida de dominó con la siempre oscura muerte, que jugó buenas fichas y sonreía, porque creía haberle engañado con el seis doble que escondía en su muleta. Pero fue él quién se rió de ella, porque rió el último.

Sabía de su inevitable destino y se hizo de rogar. Esa tarde, la faena no iba a ser fácil. Con el rejoneo, perdió al voz y el trago. Luego, la suerte de las banderillas le arrebató la fuerza. Al final de la tarde, sus piernas se doblaron y cayó desplomado. Mantuvo los ojos despiertos mientras pudo. Resistió hasta que el último aliento le abrió la puerta grande, por la que salió a hombros hasta el profundo sueño. Y descansó.

Esta vez el paseillo no fue para el torero.
¡Va por tí, toro Baco!